Martirologio.
Su lectura nos traslada a aquellos azarosos días, llenos de sobresaltos para la Iglesia, a quien tenían declarada guerra de exterminio las leyes del Estado. El lenguaje de estas Actas es sencillo y sin pretensiones literarias, delatando las más de las veces a un testigo ocular del martirio, que traslada al papel las últimas palabras y gestos de un hermano en la fe o de un amigo, para enfervorizarse más tarde con su lectura, o para comunicarlas a otros que no tuvieron la dicha de asistir a los últimos momentos del mártir.