Rubén Calderón Bouchet.
“El primer pecado del hombre, cometido por los padres de la estirpe, destruyó, según la tradición, el vinculo preternatural que sellaba y coronaba nuestro señorío sobre la naturaleza. Su consecuencia más inmediata fue la perdida de ese dominio y de aquel conocimiento que lo hacia posible. El segundo pecado del hombre es colectivo y universal. Lo hemos llamado revolución y consiste especialmente en destruir el orden sobrenatural que vincula el reino de Dios, para poner nuestras fuerzas al servicio de un reino del hombre que es una contrahechura diabólica de la promesa de Cristo. El primen pecado no hundió en el desorden de una mal inherente a las pasiones sin dominio, pero que de algún modo conservan todavía el sello normal de sus disposiciones. La “revolución” nos lleva, inexorablemente, a destruir los últimos lazos que nos ligan a la “imago Dei” conforme a la cual nos hizo el creador”.